"A mi buena amiga Ni-Mú, con la esperanzo de que se recupere lo antes posible de lo suyo"
Según Josué, El Maiquel no le llega a su primo a la suela de los zapatos, que si me gusta el Maiquel, según él, entonces no digamos cuando escuche a su primo, que el primo es el que sabe, el que sabe de verdad, y me cuenta que el primo lo aprendió todo solo, "todo solo", escuchando mil cintas "desde así de pequeño", y me explica cómo era su primo cuando empezó extendiendo la mano, agachándose al suelo, con el brazo estirado, como dando a entender que su primo no era más que una rata cuando le dió por empezar y aprender y todo eso, y que el Maiquel no le llega a su primo a la suela de los zapatos, vamos, que tocando no tiene su primo con El Maiquel casi ni para empezar. Y mira que El Maiquel es bueno, pienso, pero bueno de verdad, y es por eso que me acerco a su primo, que está venga a ponerse morado de arrumacos con tremenda gitana, una chica muy guapa que supongo debe ser su mujer, o al menos lo parece, en la esquina de al lado, la oscurita del bar, y les pido perdón con gesto de plegaria, y la chica me disculpa con su mejor sonrisa, y le pide al artista haga un poco de caso, que no es más que un momento, que se gire que alguien le dice algo, y al girarse le ruego, si no le importa, que si antes de marcharse me llevasen al coche, que Josué me ha contado que en él lleva guitarra, que si es cierto que él es mucho mejor como artista que El Maiquel, que si El Maiquel a él no llega pa nada, y él me dice que sí, y entonces yo le explico que si lo tuviese a bien, simplemente un minuto, que eso tengo que verlo para creerlo, casi por provocarlo, que no será un farol, que de alguna manera tengo yo que venderme, que conociéndolos, como vaya de tonto ya sé que no me harán ni este poco de caso. Y mientras Josué, por echarme una mano, se la acerca disimuladamente desde atrás, lo toma por un hombro, le pide que escuche, y le dice que yo soy legal, que ya puede enrollarse, en todo caso cuando acabe la copa, que algún favor me deben y no le costará nada contentarme, el mostrar lo que sabe, que no soy de fallar, y va el primo y que sí, que vale, que ya me avisarán e iremos hasta al coche, pero sólo un minuto, pero cuando acaben las copas, que viene de una gala, que ya está muy cansado etcétera... Y que conste, que yo sé que Josué, con este asunto mío, no gana nada, que a él no le hace demasiado tampoco que lo vean conmigo, que de qué le va a hablar Josué a este menda (nada bueno), y eso me queda claro cuando luego, al verlo solo bailando al borde de la pista, sin mucha convicción frente a la marabunta, elude muy educadamente la conversación conmigo, y me hace gestos para que me siente, como dando a entender que me quede tranquilo, que ya se encarga él, y me lo dice todo con la vista, que la cosa está hecha y a su tiempo. Y es por eso que pienso que es buen tipo, Josué, mientras lo contemplo tumbado en mi butaca negra, estirado a mi aire y a la espera, con la copa en la mano, y reparo en su panza incipiente por primera vez, alto como es el cabrón, que no me había fijado, tan tranquilo, míralo, con su pancita, el tío, viendo pasar la vida como si no va con él, fingiendo que sigue el ritmo, pero es obvio que no es lo suyo, la electrónica, sonriéndome desde la lejanía sin que lo note nadie, porque ya se ha encargado, ya me ha arreglado el tema a su manera, parece decirme, para que esté tranquilo y allí sigo, esperando, a que los tortolitos dejen de meterse mano, que hasta para no molestar miro para otro lado, concretamente al culo que tengo a continuación, pegado a su derecha, ese culo picante de una chica picante, atan afinado y aún diría más: completamente en su punto, que se inclina de vez en cuando para dejarme ver y tan contenta, su entrepierna de licra negra y los encajes, porque me consta que ella sabe que yo la miro, y no parece importarle y se recrea, y se sube la falda por momentos, que le puedo ver el aparcamiento, y así un rato hasta que por fin dicho y hecho, mis amigos arrancan, se visten su abrigos, y a una señal me voy con ellos rumbo al coche, nos vamos del garito, y me invitan al buga en doble fila, maridito y mujer en la parte de atrás, Josué y un servidor delante, nada de medias tintas, eso por descontado, y el primo saca de debajo un asiento su guitarra, y trata de lucirse, disculpándose al empezar como hacen todos, sin tiempo para calentar y esas cosas que dicen, y se pone a tocar, un poquito de todo, comenzando por rumbas, sólo un poco, y otro poco por tangos y hasta por alegrías, que no toca tan mal, que su compás lo tiene, eso sí que es verdad, que la mano derecha, debe ser esá la mano por lo que el primo es bueno y tan famoso, la mano derecha, ya digo, ésa la maneja muy bien. Y es cierto que en la parte de atrás uno toca algo incómodo, y que el tipo no ha calentado nada, y que a esas alturas de la noche el primo debe ir ya muy borracho. Pero que quede entre nosotros, en serio, de esto ni una palabra, que El Maiquel no tendrá su compás, pero con la otra mano, con la izquierda, para mí que le da unas buenas vueltas al primo, al menos por bulerías, que lo otro no lo he visto, que para ser el primo yo me esperaba algo más, insisto. Total, que al final me ha salgo con la mía, y al verme entusiasmado, es el primo el que sugiere que invite, no me puedo negar, a un filetito al bueno de Josué de esa manteca buena, porque sabe que tengo, que de hecho me la ha vendido el cabrón hace tan sólo un rato, sabiendo que al Josué no le diré que no. Porque a todo esto, y lo he comprobado allí escondidos in situ, por mis huevos, confinados en el coche destarlado, con las ruedas montadas en la acera, de escaqueo, que aquí el que suena como los ángeles cuando canta, y es lo que quiero dejar claro con todo esto, el que pone la carne de gallina, el genio de los cojones, no sé si me explico, es el cabrón de Josué. Y mientras el primo toca acompañándolo, Josué, sentado a mi lado, al volante, con la mano extendida hacia los cielos, desplagada, va y me canta en la oreja, mirándome a los ojos, y me obliga a callarme, y a no dar ya más palmas, y a ponerme a escuchar, y a agachar la cabeza que a un gitano, a un gitano no se le escucha así todos los días, que para ciertas cosas no, pero para cantar, lo que se dice cantar, para cantar así, ya digo, para parar el tiempo con la boca, simplemente diciendo, hay que ser muchas cosas, uno debe ser bueno, tanto que al acabar le paso un billete enrollado y la manteca, la manteca la compartimos toda, todo la que me queda que a Josué, quien le va negar a nada a mi Josué, quién puede no quererlo, después de verlo.