Para El Negri y Cía....
Tal vez haya sido así desde el primer momento, desde que nos conocimos, a ras de suelo en mi taberna de mano, cuando el que suscribe bajó a por una botellita de “jarabe”, una de tantas, que es como llaman muy eufemísticamente en la taberna a ese líquido agriamente entonado que me venden, casi púrpura, vino, al parecer, aunque yo no pondría la mano en el fuego a ese respecto. Eso por una parte. Y por la otra, por otra me gustaría que quedase claro que salvo en noches de máxima desesperación (muy raramente más de dos o tres a la semana), y como último recurso, esa sopa no se bebe en mi casa ni de coña, y mucho menos aún si la cosa va de chica y cortejo, lámparas tenues y un poco de musiquita, y siempre y cuando el diestro se haya tomado la faena en serio, y cuando digo en serio quiero decir que se proponga, por decir algo, no dormir solo, pero mejor aún, no dormir, que trate, en definitiva, de una chiquita con la que al menos no se haya acostado uno before... Pero a lo que me refiero es que, de siempre o no, lo cierto es que no había reparado en ello antes. Me refiero a que El Negri había estado en casa alguna vez, en alguna de esas noches infectas que desaguamos juntos en torno a una botella de jarabe, en el salón, tratando de colocarnos con lo poco que hubiese todavía, pero siempre “a pachas”, eso sí, como buenos colegas, escuchando vinilos, arreglando el mundo, o cagándonos en nuestra mala luna, yo con la guitarrita y tal, cantándole a la noche flamenquito, que parecía que a uno se lo pedía el cuerpo, con la lluvia de afuera, el vidrio menguado, y unas ganas de bajar “a por más” que no se puede explicar. El Negri se deja invitar fácilmente, eso es cierto, y se toma las cosas con calma. Es un tipo reservado, El Negri, y nunca he logrado saber, por ejemplo, si el cabrón se queda en mi casa las noches enteras porque se lo está pasando divinamente, o porque tal vez espera pasarlo aún mejor, quien sabe.. Se guarda el secreto para sí mismo casi como hace con el de sus dientes. Tampoco he logrado averiguar si aún conserva alguno en su negra bocaza. El Negri es en sí mismo, en realidad, un misterio, pero que conste, que por encima de todo, El Negri es un surtidor andante. Mientras los bebés duermen apaciblemente en sus cunitas, al arrullo inconsciente de la mano también dormida de sus mamis, a la hora en que todos los niños de la ciudad, con los ojos cerrados, sueñan con los angelitos, te bajas a la calle, te das un garbeo, y en cinco minutos El Negri aparece al fin de una esquina siniestra, casi siempre fumando, siempre borracho, para surtirle a uno, si lo desea, casi de lo que se le ocurra, siempre y cuando no se lo haya metido él antes, claro. Una vez hasta me surtió de una chica, Yaiza, con la que nos tomamos unos cuantos jarabes primero, la música alta, la voz aguardientosa, el ambiente empañado, hasta que en un momento dado El Negri, y muy discretamente, se levantó e hizo una reverencia, y nos dejó allí a los dos, a La Yaiza y mí, a solas en el salón y sin nada mejor que hacer. Aunque la noche a la que me refiero yo con todo esto, La Noche de autos es, en realidad la de ayer. Lo de la metadona es una cosa seria, colega, pega de verdad. Y engancha a horrores... Eso, claro está, cuando logres despertarte, si es que lo consigues . No había sentido tanto sueño en mi vida, un sueño abrasador, perdido en un desierto, como cuando al fin logré abrir los ojos esta puta mañana, en serio: me pesaban los párpados, el aire me pesaba, me pesaba respirar, y me desmayé en el pasillo, al tratar de levantarme para darme una ducha antes de ir a currar....y peor aún cuando, al cabo de un rato, al despertarme de nuevo, nada había cambiado en realidad: me quería morir…Pero lo conseguí... En un estado lamentable, es cierto, pero he conseguido llegar a currar al Hospital a una hora razonable, y por mi propio pie, aunque tambaleante...Ha sido espectacular, en serio, me he superado a mí mismo, y todo con un pedazo de pastillita así de pequeña...y blanca!! con un logotipo de calaveras!! De manera que éste está siendo una jornada espléndida: Al verme sudar de esa manera, todos preguntan si me de verdad me encuentro bien, si vaya careto traes, si cómo hueles a colonia, y hasta dos cardiólogos vinieron a explorarme, y la enfermera el turno de tarde se pasó las horitas poniendo posturas apoyada en la puerta, acercándose a recoger ese boli suyo pesado que se cae todo el rato, para que pueda contemplarla, en su rotunda belleza, gateando a mis pies, preguntando si necesito algo, preocupada por mi salud, etc…pero lo más acojonante todo, en realidad, a lo que quería llegar con este puñetero asunto, es a que tal vez haya sido siempre así, desde el primer momento, desde que nos conocimos a ras de suelo en la taberna del barrio, una de tantas noches de jarabe y palo, no lo sé, pero si sé es que anoche, cuando se despidió dejando junto al cenicero media dosis de metadona (“ya me contarás” maldijo), a modo de regalo, en fin, cuando fui a despedirlo, a trancas y barrancas, malamente tratando de seguirle, pude ver cómo el muy cabrón se marchaba escaleras abajo a través de la puerta, sin abrirla, sin golpe, sin nada, que el cabrón traspasaba paredes como un puto fantasma, como un puto vampiro, como en las películas… Eso es lo que es El Negri. El Negri no es ni bueno ni malo, El Negri, simplemente, es un definitivo y extravagante puto fantasma, una especie de zombie que te cagas y en directo...Eso es, al menos, lo que he concluido a la vista de lo de ayer. Y que no importa que la llave esté echada y a salvo en ningún chaquetón, que la puerta sea reforzada, o incluso que no haya puerta…: El Negri pasa de todo eso, que eso lo que quiero yo decir, que el cabrón de El Negri , me explico...: pasa de todo.